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martes, 4 de mayo de 2010

Una mujer sin voz

Otelo, es una historia de mentiras, traiciones, rencor, resentimientos, dolor e injusticias.

Leyendo la obra se ve que Otelo fue muy injusto al no creer en las palabras de Desdémona, que manifestó ser inocente hasta el último momento de su vida. ¿Pero él tenía otro camino para seguir? Yo diría que cualquiera que se encuentre cerca de Yago estaría en peligro de convertirse en un Otelo. Pues el malvado personaje le envenenó la cabeza diciéndole mentiras acerca de Desdémona y Cassio.

Yago fundamenta su acción diciendo que odia al Moro ya que supuestamente se habría acostado con su mujer, pero ni siquiera lo supo con certeza. En realidad es un pretexto porque tampoco le importaba su mujer. Igualmente comienza con su plan y sus engaños.

En esa época, la voz de las mujeres no eran escuchadas, y por eso la palabra de Desdémona y su intento por defenderse se desvanecían ante el poder de los hombres y su corrupción, en otras palabras la opinión o los actos de Desdémona no tienen ninguna importancia para su marido, porque este solo escucha las intrigas que planea Yago, nublándole la mente.

Entiendo que al ser una tragedia sus personajes deben morir, asesinados unos a otros, o por medio de suicidios. Por lo tanto, en mi función como lectora, debo buscar una explicación en Otelo; por eso mi conclusión es que la falta de diálogo, confianza, la desvalorización de la mujer, genera tanta violencia. Otelo decía amar a Desdémona, no se pone en duda que sea así, pero este amor no le alcanzó, prevaleció en él “las palabras de un hombre” Yago.

Ana Tejerina - Argentina

martes, 27 de octubre de 2009

Los personajes y la tragedia

Otelo pertenece al género dramático y tiene un final trágico. Por este motivo decidí analizar a los personajes de la obra, para tratar de comprender ese final.
Si bien todo indica que es Yago, el típico personaje que engaña y traiciona, por venganza y poder, cabe decir que lo logra por las actitudes de los otros personajes.
Otelo en lugar de escuchar y creer en su corazón, prefiere las mentiras de Yago y se deja envenenar los oídos, por lo tanto es un ser débil que se dejó vencer por los celos.
Desdemona, esposa del moro, frágil e inocente, es la víctima de la obra que no tiene idea de por qué Otelo la maltrata. Tiene un a actitud pasiva correspondiente a las mujeres de la época, es decir sumisa y acepta lo que los hombre deciden, casi ni se defiende.
Emilia, esposa de Yago, también es otra víctima, pero se muestra desafiante, es decir se rebela ante los hechos injustos, pero es mujer y por eso se duda de su palabra.
Casio y Rodrigo, son las marionetas de Yago, que le sirven para su indigno plan. Rodrigo es ambicioso y esto provoca su destrucción; en cambio Casio es honesto pero termina sumergido en una trampa, su error es ser pasional.
De esta manera compruebo que si bien Yago orquestó la tragedia, todos de algún modo por sus debilidades ayudaron para que su inexplicable ardid tenga éxito.

Julian Martín - Argentina

Yago el gran manipulador

Psicológicamente Yago es un personaje muy interesante por su habilidad para engañar, pues tiene una gran capacidad para manipular a todos. Él le miente a cada uno de los personaje según su conveniencia. Es un hombre cruel porque disfruta del sufrimiento de los otros.
No quiere ni a su esposa, piensa en las mujeres como si fueran objetos: " Son miniaturas fuera de la casa, cascabeles en el salón, gatos monteses en la cocina, santas cuando injurian, diablos si se las ofende, actrices en la economía del hogar y ecónomas en la cama."
Odia a Otelo profundamente, si bien ese sentimiento es por envidia, también está cargado de perversidad.
Dice haber escuchado rumores sobre una supuesta relación entre el moro y su esposa, Emilia. Demuestra no importarle, sin embargo como le sirve para su plan, lo utiliza como si fuera cierto.
Decide envenenar los oídos del moro, haciéndole creer que su mujer, Desdemona lo engaña con Casio: "¡Oh señor, cuidado de los celos! Es el monstruo de ojos verdes que se mofa de la carne que lo nutre. Feliz es el cornudo que sabiendo su suerte, no ama a quien lo ofende, pero ¡qué suplicio el de quien ama y duda, sospecha y como un tonto sigue amando!
En cada palabra y en cada gesto de este personaje se puede ver que disfruta; que más allá del odio que dice tener por Otelo, siente placer por el mal. Su mente actúa como un rompezabeza que hay que armar, piensa y elige cada pieza, busca que encajen correctamente cada una de sus estratagemas y lo logra porque cree en ellas.
Hacia el final de la obra Otelo le pregunta por qué lo hizo y él no responde. Esta actitud nos clarifica que no puede dar explicaciones, porque inconscientemente no puede manifestar que su ser es así, que disfrutó de cada acto.
Todo indica que siente odio por Otelo por eso envenena sus oídos, pero en realidad es él, Yago, el que está envenenado por un placer profundo y oscuro: la perversidad. Y es por eso que terminó creyendo sus propios enredos.

Mauro Martinez - Argentina